miércoles, 26 de febrero de 2014

Soñar y soñar.


Te apareciste en un sueño sonriendo como si nada pasara, sentada en tu cama leyendo. Recomendando libros y contándome chistes como si siempre hubieras estado ahí. Nuestra casa tuvo la luz que tu partida le había robado hace ya años. Revoloteaste por todos lados haciendo ruido y cantando. Juro que cuando te vi, no pude moverme. Tenía miedo de que si siquiera pestañaba desaparecerías, de que despertara, de que todo fuera un sueño. Moviste las cosas de lugar y me miraste con esos ojos tan puros que te creí. Me relajé, hable con vos y pensé que era yo la loca. Me sentí una estúpida por haber tenido miedo, por haber alucinado que te habías ido. Juro que eras real, que podía tocarte, olerte, sentirte. Nunca nada, ni lo que escribo ahora se sintió más real que eso. Mi vida nunca fue más fácil ni mi sonrisa más grande. La calma que encontré en algo que nunca sucedió. La paz que me dio en una falsa normalidad. La alegría de volver a verte aunque solo hayan sido unos segundos efímeros de una realidad imaginaria.  Todo se esfumó cuando la alarma sonó y me encontré de nuevo en una casa sin vos. En una vida donde no estás. En un mundo sin tu luz. Sinceramente no me importa vivir así, si por lo menos más de una vez por semana me visitas y me llevas a tu mundo de ilusiones donde puedo abrazarte cuando quiera. Desde que se que te voy a ver, duermo mas tratando de verte más tiempo. Lástima que no pueda leer esos libros que decís tanto te gustan porque al despertar ya no me acuerdo de sus títulos. Lástima que cuando estoy con vos siempre sé que voy a despertar. Si tan solo pudiera dormir eternamente. Si tan solo pudiera nunca dejar de soñarte. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario