Te apareciste en un sueño sonriendo como si nada pasara,
sentada en tu cama leyendo. Recomendando libros y contándome chistes como si
siempre hubieras estado ahí. Nuestra casa tuvo la luz que tu partida le había
robado hace ya años. Revoloteaste por todos lados haciendo ruido y cantando.
Juro que cuando te vi, no pude moverme. Tenía miedo de que si siquiera
pestañaba desaparecerías, de que despertara, de que todo fuera un sueño.
Moviste las cosas de lugar y me miraste con esos ojos tan puros que te creí. Me
relajé, hable con vos y pensé que era yo la loca. Me sentí una estúpida por
haber tenido miedo, por haber alucinado que te habías ido. Juro que eras real,
que podía tocarte, olerte, sentirte. Nunca nada, ni lo que escribo ahora se
sintió más real que eso. Mi vida nunca fue más fácil ni mi sonrisa más grande.
La calma que encontré en algo que nunca sucedió. La paz que me dio en una falsa
normalidad. La alegría de volver a verte aunque solo hayan sido unos segundos
efímeros de una realidad imaginaria. Todo se esfumó cuando la alarma sonó y me
encontré de nuevo en una casa sin vos. En una vida donde no estás. En un mundo
sin tu luz. Sinceramente no me importa vivir así, si por lo menos más de una
vez por semana me visitas y me llevas a tu mundo de ilusiones donde puedo
abrazarte cuando quiera. Desde que se que te voy a ver, duermo mas tratando de
verte más tiempo. Lástima que no pueda leer esos libros que decís tanto te
gustan porque al despertar ya no me acuerdo de sus títulos. Lástima que cuando
estoy con vos siempre sé que voy a despertar. Si tan solo pudiera dormir
eternamente. Si tan solo pudiera nunca dejar de soñarte.

No hay comentarios:
Publicar un comentario