martes, 29 de marzo de 2016

Oscuridad.

Dedicado a todas esas mujeres que aman tanto que es incomprensible a los ojos de la sociedad moderna. Así como el amor puede construir un paraíso a partir de cenizas. También puede destrozar mundos enteros.

Miro hacia todos lados y de repente me encuentro con pura y densa oscuridad. Sé que no puedo ir hacia ningún lado. Que estoy perdida en este bosque de gritos, que no hay tiempo. Sé que todas las salidas están selladas y estoy en compañía del peor monstruo al que alguna vez me enfrente. Soy libre hasta que así, de repente, alguien hace algo y él me encuentra y me encierra. Me acosa desde el lugar más oscuro de mi mente y me sonríe. Sabe que en algún momento va a ganar y espera a que me derrumbe, a que alguien que amo me lastime, a que los sentimientos se confundan y de tanto amar empiece a odiar. Porque son los dos tan fuertes que llega un punto que se me hace tan difíciles diferenciarlos que parecieran uno solo. Me mira, con esos ojos enormes y susurra, susurra cosas que sé, son verdad, que sé, trato de evitar para ser feliz. Pero acá, privada de mi libertad no puedo hacer más que escucharlo y creerle. Me acurruco llorando en el piso frío pero nadie viene. A nadie le importa. Nadie lo puede ver. Le grito que no pero cada vez me siento peor, cada vez estoy más sola. Y se, con el peor dolor del mundo que la persona que tendría que estar acá protegiéndome con su brillante armadura y gran espada, está al final del pasillo consolando a otra. Porque la triste verdad es que mis lágrimas dejaron de importarle. No entiendo como no puede ver que estas desprenden tanto dolor que queman. No entiendo como no siente nada al mirarme a los ojos donde se refleja lo mucho que me daña. Duele tanto que no hay palabras para explicarlo, arde desde adentro y se extiende por todo mi mundo. Ya no importa. No voy a quedarme para que me maltrates una y otra vez. No voy a quedarme porque el monstruo está esperando a que me grites, me hieras para atacarme. Y sabe que lo vas a volver a hacer. Porque siempre lo haces. Juro que te odio de tanto amarte. Juro odiarme por perdonarte todo. Juro amar al mundo por ponerme a tu lado pero odio no poder irme por amarte demasiado. Quiero arrancarme la piel para que veas con tus propios ojos lo que me estás haciendo. Me cansé de hablar porque no escuchás pero parece nunca me canso de perdonarte. Es una lástima que la persona que más amo sea la que me enseñe a odiar.

Efímero.

Es un segundo en la vida mientras estas corriendo porque entras tarde a clase que te das cuenta que todo se pasa demasiado rápido. Pensás un segundo en como llegaste a donde estas y te das cuenta que no tenés ni la menor idea. ¿Cómo llegamos hasta acá? Entre si y nos, entre el frio y el calor, el día y la noche, entre que vamos y venimos no nos damos cuenta que inconscientemente estamos siguiendo un camino, un paso a la vez. Es como el movimiento de la tierra, es tan lento y suave que no te das cuenta que está girando pero de repente pasaste del invierno al verano. Es ese momento irrepetible que miras algo y decís, por dios tiempo, dejame respirar, dame un descanso así puedo parar y ver a donde estoy yendo. Pero te volvés a dar cuenta que llegas tarde y que lo que pensaste ya quedo en el pasado y si no te apresuras se te escapa el futuro. Así que sacudís la cabeza, sonreís, y apuras el paso guardando ese pensamiento en el final de una lista infinita en las que en algún momento algún día deberás pensar.

Plumas en el viento.

Al principio no sentí nada. Fue como si todavía siguieras acá. Como si jamás te hubieras ido. Capaz debido a mi mente infantil. Creo que todavía podía verte en las cosas más simples de la vida. Todavía no había cruzado ese límite que cruzan nuestras mentes cuando maduran y dejan de ver la magia en todo. Como los niños con amigos imaginarios, que ven hadas en los arboles o conversan con gente invisible y luego de grandes no recuerdan haberlos tenido. Como si algo se les escapara cuando intentan recordar. No recuerdo en qué momento dejé de verte en las plumas, las nubes, deje de escuchar tu voz en el viento. Pero fue como si me arrancaran algo del pecho. De verdad sentí mi corazón partido, más bien rasgado. Me di cuenta que me faltaba algo vital para respirar. Y ese dolor descomunal, déjenme decirles, que es el peor de todos y no se saca con medicinas ni operaciones. Hay que aprender a vivir con él. Si y sepan también que todavía no sé cómo hacerlo. Ahora duele con menos frecuencia pero con igual intensidad. Cada vez que te nombro se me desgarra el alma. Por eso ya casi nunca digo tu nombre en voz alta. Solo te llamo a gritos dentro de mi mente. Y te siento ahí, respondiendo mis suplicas, pero nunca puedo llegar hasta ti, siempre estas fuera de mi alcance. Me arruina no poder nunca alcanzarte. Siempre estás del otro lado del velo. Pero por lo menos estás. Y te amo por nunca dejarme del todo. Porque jamás busque superarte, solo quiero recuperarte.