martes, 29 de marzo de 2016

Plumas en el viento.

Al principio no sentí nada. Fue como si todavía siguieras acá. Como si jamás te hubieras ido. Capaz debido a mi mente infantil. Creo que todavía podía verte en las cosas más simples de la vida. Todavía no había cruzado ese límite que cruzan nuestras mentes cuando maduran y dejan de ver la magia en todo. Como los niños con amigos imaginarios, que ven hadas en los arboles o conversan con gente invisible y luego de grandes no recuerdan haberlos tenido. Como si algo se les escapara cuando intentan recordar. No recuerdo en qué momento dejé de verte en las plumas, las nubes, deje de escuchar tu voz en el viento. Pero fue como si me arrancaran algo del pecho. De verdad sentí mi corazón partido, más bien rasgado. Me di cuenta que me faltaba algo vital para respirar. Y ese dolor descomunal, déjenme decirles, que es el peor de todos y no se saca con medicinas ni operaciones. Hay que aprender a vivir con él. Si y sepan también que todavía no sé cómo hacerlo. Ahora duele con menos frecuencia pero con igual intensidad. Cada vez que te nombro se me desgarra el alma. Por eso ya casi nunca digo tu nombre en voz alta. Solo te llamo a gritos dentro de mi mente. Y te siento ahí, respondiendo mis suplicas, pero nunca puedo llegar hasta ti, siempre estas fuera de mi alcance. Me arruina no poder nunca alcanzarte. Siempre estás del otro lado del velo. Pero por lo menos estás. Y te amo por nunca dejarme del todo. Porque jamás busque superarte, solo quiero recuperarte.

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