miércoles, 7 de agosto de 2013

Corazón de humo.



Corazón hecho de humo todavía no puedo olvidarte. Quedate, te suplico, con tu sonrisa de colores descalza por la casa. Con tu vestido blanco de seda bailando en el jardín. Lo que construiste se empieza a marchitar. Las plantas que plantaste el invierno las seco. Los muebles que compraste el frio los arruinó. Y tu ropa ahora solo huele a humedad mientras yo solo quiero llorar. Mis recuerdos como arcilla el tiempo los moldeó y si bien recuerdo tus palabras, tu voz se desfiguró. Ángel de carita sucia quedate por favor. No puedo vivir sin tus caricias de amor. Madre y creadora de mi vida, quiero verte volver cada día. El tiempo se me resbala entre los dedos mientras espero, solita y con miedo, volver a ver tus ojos brillantes y eternos. Tu fecha de cumpleaños otra ya la ocupó y quiero creer que en alguna parte estas vos. La soledad invade toda la casa ahora que el olor de tu comida no se siente en las mañanas. Mujer que viaja con el viento y vive en las estrellas, te persigo en cada uno de mis sueños mientras anhelo tu regreso. Señora de los mares y recuerdos, mis lágrimas y dolor solo derivan de mi inmenso amor hacia vos. Si bien todo lo que dejaste ya no está, tu alma está grabada en cada parte mi ser recordándome que nunca va a desaparecer. Tu pintura en blanco y negro está colgada en mi habitación y me sonríe aun en los días donde solo siento dolor.  Mi triste corazón siempre te va a amar y jamás te va a olvidar.


Inspirada en una madre única con la que no tuve la suerte de compartir más tiempo de mi vida. Te amo.

martes, 6 de agosto de 2013

Un mundo aparte.



Camino por la superficie más verde que alguna vez vi. Es tan suave que quiero acostarme en ella. No sé como llegue acá pero no me importa. Esta está difuminada en algunos lugares con tonos verdes más oscuros. Es tan brillante. Me reflejo en todo como si una capa de cristal tibia la recubriera. Me siento tan bien. No sé ni de dónde vengo ni a donde voy, pero ahora mismo, en este lugar, en este momento, soy feliz. El tiempo se desfigura cuanto más paso caminando, ya no sé si pasaron horas, minutos o segundos. Todo está en diferentes tonalidades de verde hasta que de repente me encuentro con una laguna celeste. La rodeo, la miro y me animo a pisarla. Resulta ser del mismo material. Cristal tibio y brillante. El mundo esperanza cambia de forma y resbalo hasta quedar cómodamente recostada en una circunferencia negra y aterciopelada. Me recuesto sintiéndome tan segura y me veo reflejada en el cielo. Es una imagen ampliada mía y estoy hablando. El me tiene atrapada en su mirada, en sus ojos verdes.