miércoles, 4 de enero de 2012

El bien sin el mal.




¿Qué serian los momentos felices sin los tristes? ¿Qué sería el bien sin el mal? ¿Qué seria Dios sin Lucifer? ¿Qué serian los héroes sin los villanos? ¿Qué sería la luz sin la oscuridad? ¿El sol sin la luna? ¿El día sin la noche? ¿Qué sería la paz sin la guerra? ¿Qué sería el alivio sin el dolor? ¿De qué serviría vivir sin morir? ¿Qué sería el cielo sin el infierno? ¿Qué sería la cordura sin la locura? ¿Qué sería el silencio sin el ruido? ¿Qué sería el hielo sin el fuego? ¿Qué seria yo sin vos? La verdad es que nada. Los opuestos, los enemigos, los contrarios, los que son totalmente diferentes están hechos para darles sentido a su contrincante. Es por eso que los opuestos se atraen, ¿de que serviría ser todos iguales? ¿Por qué siquiera la gente busca tener un cuerpo perfecto, igual al de todos? ¿Quién dice lo que es perfecto y lo que no? ¿Quién elige lo que es la belleza y lo que no? Cada uno de nosotros tiene el derecho, la posibilidad y hasta la obligación de elegir que es lo que le parece perfecto, que es lo que le parece bien o mal. ¿Está mal mentir porque lo dice la Biblia? ¿Quién escribió la Biblia, siquiera hay pruebas de que Jesús existió? ¿O está mal mentir porque nos hace mal a nosotros mismos y a las personas que queremos? Los que pensaron diferentes al resto siempre fueron discriminados en su época pero reconocidos y alabados tiempo después. Es injusto ¿no? Pero a ellos no les importo lo que pasara en ese entonces, defendieron su posición y si la mayoría fracaso y murieron en la pobreza o hasta se suicidaron. ¿Pero hay mayor recompensa que saber que luchaste por lo que creías? Yo creo que no. 

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