La vida esta echa de recuerdos. Son como las arenas del mar
que todas juntas forman la playa entera, si tan solo faltara una, aunque sea la
más horrible, la playa dejaría de ser la playa y perdería su hermosura. Pero a
veces me tortura preguntarme si todas esos recuerdos, todas esas partes de mi
lo valen. Si vale la pena soportar todos esas memorias dolorosas que solo yo
tengo y nunca nadie va a poder ver, oír ni entender por seguir viviendo por
seguir siendo lo que soy, quien soy. Si no fuera por los recuerdos más tristes
que tengo estoy segura que hoy sería una persona diferente, capaz peor, capaz
mejor, sería imposible saber. Pero sigo pensando y preguntándome una y otra vez
que pasaría si los recuerdos se fueran ¿dejaría de sentir dolor? ¿Estaría
desesperada por recuperarlas? ¿Sería una persona diferente? ¿Sería capaz de
olvidar aquellas personas a las que ame sin recordar todo el dolor y la
felicidad que causaron en mi vida? ¿Me arriesgaría a perderlo todo en la
desesperación por dejar de sentir tanto dolor insoportable? Estoy segura que
esa sería la opción más fácil, algo parecido a rendirse, pero sería la opción
más sana también. En cambio podría seguir así, viviendo día tras día fingiendo
una sonrisa, levantarme, comer y dormir con la esperanza de que algún día el
dolor se haga más llevadero y todo parezca mas fácil. ¿Pero y si nunca pasa? ¿Si
sigo así toda la vida? Estoy convencida que si este infierno no cesa nunca la
parte más linda y la más humana de mi se va a apagar. ¿Existe algo que te pueda
salvar de la locura, del horror? Muchos creen que se llama “amor”. Pero así
como te puede salvar también te puede hundir en lo mas profundo, es arriesgarse
a todo o nada.

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