Y si, lo único que logre ocultando las cosas y levantando
una fina capa de falsa felicidad fue ahogarme sola. Si bien todos me veían
bien, la profundidad de mis ojos no decían eso y no culpo a nadie por no
haberlo notado, es que simplemente hace falta conocerme muy bien para ver eso.
Pero me derrumbe. Dicen que cuanto más alto llegas más fuerte es la caída y eso
me paso. Había llegado a un nivel tan alto de fingidas sonrisas que la caída
fue enorme y el golpe aun peor. Fueron el lugar, momento y tiempo equivocados.
Las personas que estaban allí tampoco eran las indicadas, si bien no me dejaron
y me sirvió para darme cuenta quienes eran los que de verdad cumplían con la
típica frase “en las buenas y en las malas” no me gusto exponerme así. No me
gusto que todos me vieran tan débil, lo odie, odio ver a las personas y que
ellas piensen: pobre. Porque no quiero que me miren de otra manera, odio que me
miren de otra manera y más llamar la atención de todos los curiosos. Mi vida no
es un tema que se pueda debatir en conjunto, es mi vida, MIA y nadie tiene
derecho a opinar sobre ella. Si, fue mi error quebrarme, fue solo mío y
probablemente culpa del alcohol también, lo que solo lo hizo peor y la máscara
construida con los años se desintegro rompiéndose en miles de pedazos. Y ahora
solo queda empezar de nuevo, volver a construirla aunque se que las personas
que me vieron en ese momento nunca me van a volver a ver como antes. Por que
simplemente el dolor que expulse fue demasiado y todo lo que dije también. Es
exactamente así la forma en la que me siento.

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