Estamos riendo en la mesa.
Festejando aquel cumpleaños.
Me obligas a irme a bañar.
Soy tan bajita que ni siquiera llego a la mesa.
El agua cae sobre mí mientras me enjabonas y sonreís.
Decís: mañana tengo que ir al médico y te vas a quedar con
papá.
Esperamos en la sala de espera por horas.
Tenés que pasar la noche ahí.
Protesto pero al final nadie escucha a una nena de cinco
años.
Las tías del sur vienen
Y se quedan conmigo en casa
Papá me lleva todos los días a comer pizza después de que
salimos de visitarte
Tenés un cuarto nuevo en un lugar nuevo y es tan blanco que
da miedo.
Los nuevos amigos también visten de blanco.
Mientras juego en la cama más grande de mi casa
Papá llega llorando
Se arrodilla para estar a mi altura.
Mama se fue con dios, susurra.
¿Por qué? Le pregunto.
¿Porque se iría?
Mamá está en el cielo, responde.
Papá llora más.
Vamos a dar un paseo.
Toda la familia está allí alrededor de algo.
Ahí estas, de blanco y durmiendo.
Tu frente tiene pequeñas líneas rojas y quiero preguntar que
está mal con vos
Pero los rostros de todos me dicen que no debo decir nada.
El resto de la semana me dejan jugar con toda la ropa que
vos no me dejabas tocar.
No venís al acto del colegio y la abuela me cuida todos los días.
Pero empiezo a extrañarte.
Empiezo a preguntar porque no volvés.
Empiezo a enojarme con todos.
Empiezo a entender que ya no vas a abrazarme.
Ni vamos a pelearnos.
Ni vas a ayudarme.
Empiezo a sangrar por dentro y a llorar a escondidas.
Todavía lloro a escondidas.
Papa me da todo lo que quiero pero yo solo te quiero a vos.
Todos en la escuela tienen a su mama para el día de la
familia.
Y te espero cada año que pasa pero nunca vas.
Ya solo me conformo con hablarle a tu foto en la pared e
imaginarme tus respuestas
Pero no puedo dejar de temblar cada vez que escucho la
palabra “mamá”
Ahora esa es una palabra que jamás digo.

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