Están escondidos en la oscuridad. Atrapados por la fuerza de
su voluntad. Gritan por ser liberados. Ellos luchan y proyectan imágenes falsas
para que ella se rinda y los deje salir. Es una pelea silenciosa que nadie
puede escuchar. No importa lo cerca que el se encuentre ella intenta calmarlos
para que no pueda verlos. Sabe que no le queda mucho tiempo, que en unos
minutos mas va a resultar sospechoso, que su actitud debe cambiar rápido pero
ellos no se van. Decide conformarse con que hablen y no griten y espera que con
un poco de suerte pasen inadvertidos. Respira honda y proyectando una falsa
comodidad abre sus ojos esperando que las cerraduras de sus ojos sean lo
suficientemente fuertes para soportar la gran estampida. Se atropellan unos
contra otros para rebelarse ante el. Desvía la atención poniendo mucho cuidado
en mantenerlos bajo control pero es distraída por sus ventanas que están
completamente abiertas invitando a cualquiera a pasar. Y algo en ella sabe que
dentro de sus ojos claros no hay mas que paz y amor. Que el no se esfuerza en
retenerlos sino que allí sus sentimientos bailan tranquilamente. Los de ella se
descontrolan, se enfurecen y rebotan contra su pupila. Ella gana a batalla y ve
como en los ojos de el, ellos ponen cara triste lamentando su victoria. Pero
sentimientos tan contrarios no deberían encontrarse. Mientras el logra que sus
ojos sean las ventanas a través de las cuales sus sentimientos puedan entrar y
salir libremente cambiando el mundo a su paso. Ella los convirtió en
prisioneros y a sus ojos en una cárcel de máxima seguridad. La sonrisa de ella
sigue intacta y se levanta con dolor de cabeza por el tumulto en su mirada. Los
sentimientos de el se miran confundidos sin entender que paso, sin saber que
estuvieron a punto de conocer a sus opuestos. Sin entender porque ellos son
libres y los de ella no. El la mira extrañado con una verdadera sonrisa que
opaca la de ella. Los ojos de ella se acaban de volver negros y los de el un
tono mas cristalino.
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